-Hablar de Luis
Mariano González es conversar con la
crítica murguera pura. Su primer
grupo fue la infantil Los Gambusinos
que ensayaba en la OJE, de la Ciudad
Juvenil, para luego pasar a
Rebeldes, cuando ensayaban en la
casa de la esquina del hospitalito
de niños. Después vino Los Hijos del
Chicha, Los Rebelchichas -donde se
estrenó como director- y, dos años
después, en los noventa,
Guachipanduzy, murga que lleva dos
años sin salir ¿Echa de menos el
Carnaval?
-Claro, porque es
algo que uno ha mamado desde
pequeño. Es un sentimiento, una
tradición.
-Por
definición, ¿Guachi es lo más
parecido a una murga?
-Según como se
mire. Guachi ha durado tanto tiempo
por el grupo de amigos que lo
formaban.
-¿Qué es una
murga para usted?
-Anarquía, hacer
el payaso, amistad, cantar... Son un
montón de cosas. Reivindicar
situaciones que se viven en la
calle.
-¿Ese espíritu
se puede mantener hoy?
-Es muy difícil.
El que quiere seguir siendo uno
mismo no tiene cabida. Hay un montón
de murgas que hacen la letra para
que guste, no para decir lo que
piensan. Eso es lo políticamente
correcto; por eso yo era
guachipanduzy.
-¿Guachi tiene
cabida en este modelo de Carnaval?
-Me di cuenta de
que estábamos solos en la defensa de
nuestros ideales y de que no vendía,
aunque tenía sus ventajas e
inconvenientes. Tensamos tanto la
cuerda que no pudimos resistir
chocar contra el muro una y otra
vez.
-¿Por que eso
se traducía en falta de componentes
de un año para otro?
-Exacto. Además,
Guachipanduzy no podía salir de
cualquier forma, siempre hay que
mantener el listón. Era una murga de
final segura y ello conlleva tener
gente para trabajar.
-¿Y se
so-portan las críticas cuando se
veía sólo ante murgas con otros
estilos?
-¡Hombre! La
situación, si la soportas o no...
Igual que criticas debes aceptar la
crítica. Otra cosa es que te gusten
o no.
-¿Y qué fue lo
que pasó cuando se habla del
incidente de Guachi con Maribel
Oñate?
-Ahora soy su
ahijado, como dice ella, pero en su
momento era el más odiado. Ocurrió
que Oñate estaba en su plenitud.
Llegó un momento en que utilizó su
poder para llevar a cabo cosas que
no eran lógicas. Y así ocurrió
cuando se decidió que las murgas
votaran para elegir a la invitada y
pronunció la frase mágica de
"mientras yo esté, ustedes no van a
cantar". Nuestra única alternativa
fue la famosa letra que cantamos
luego. Pero eso no ha afectado a la
relación personal entre los dos. Ya
es historia...
-¿Las murgas
siguen siendo la voz del pueblo?
-
Depende de qué pueblo. Si me dice
que es el que hace bailar al
público, yo digo que ése no es el
pueblo. Para mí la gente es la que
ve todo lo que hay; la voz del
pueblo es criticar, aunque después
haya quien manifieste que la vida es
difícil pero hay que tener humor.
Siempre miro atrás. La murga cuando
salió era crítica. Hay que
evolucionar, pero...
-Pero los
murgueros son reacios a aceptar la
crítica...
-También depende
de dónde venga y cómo te coja.
Nosotros éramos crítica y mira dónde
acabamos. Tú no la podías compartir,
pero nadie podía decir que nos
casábamos con alguien.
-¿Es posible la
unión murguera?
-Ojalá, por el
bien del colectivo. Están las siete
murgas de la final, con más recursos
y componentes, mejores letras, y
después están las 10 pobres. ¿Qué
ocurre? Sin esas 10, las otras no
son nada, porque cuando se queden
las 7 murgas -como es la tendencia-
haciendo lo mismo aburrirán. Un caso
similar ocurrió con las comparsas.
En la vida, la esencia es la
variedad y, ahora mismo, no hay
variedad en la murga. No pasará ni
en un año ni en dos, pero es un
ciclo.
-¿Cuál es su
número ideal de finalistas?
-Para muchas
murgas, su premio es la final, que
le garantiza la supervivencia. Si se
quiere reducir la duración del
concurso y que haya 9 grupos, que
supriman pasacalles y despedida, que
son inventos nuevos. Pero algunos ya
tienen premio con el pasacalles.
-¿El próximo
año volverá Guachi?
-Éste ha sido un
año horroroso. Yo animo a los chicos
a que la saquen el próximo año y yo
les echo una mano. La murga es parte
de mi vida, aunque lo pase mal
algunas veces. La murga volverá a
salir.